clásicos clasistas

Mi primer acercamiento al mundo de los clásicos fue con el videojuego Indiana Jones and The Fate of Atlantis. En él, la companion del protagonista Sofía, hablaba de los diálogos perdidos de Platón y cómo se supone que en ellos aparecía la civilización perdida de la Atlántida, aquella que se hundió en el mar para nunca volver a saberse de ella. El guion de la aventura gráfica aprovechaba también para hablarnos de otros mitos griegos, como el Minotauro de la isla de Creta, utilizando una ambientación entre lo histórico y la ficción astrológica muy a lo Dan Brown.

Más o menos por esa época, recuerdo quedarme flipada con aquella colección de Érase una vez… tanto «el hombre» (las mujeres no contábamos, y esto no fue hace mucho) como «los inventores», colecciones de divulgación infantil donde, por medio del cómic, nos contaban la posible vida que los antiguos tuvieron. Es cierto que en Astérix y Obélix contenía visos de estas historias dentro de sus tiras, aunque la mayoría se reducían a la búsqueda de una identidad francófona contemporánea.

El género del péplum era otro top púber. A pesar de ser terriblemente naif y de cartón piedra, la fantasía de ver togas, colores y hombres con faldas me maravillaba. Esa Deborah Kerr pelirroja siendo una esclava cristiana adoptada por un militar romano jubilado que se enamoraba de un (fascista) Robert Tylor, legado romano bastante intolerante que finalmente escucha a los cristianos y los defiende del emperador Nerón… Quo Vadis (1951) era claramente propaganda cristiana imperialista, pero tiene algo de revolucionario el imaginario de los primeros cristianos que se sacrificaban por su Dios misericordioso cuya promesa de Vida Eterna en el Reino de los Cielos les tranquilazaba y reconciliaba con la muerte, ya que así podrían por fin acceder a ese mundo utópico donde no existían diferencias sociales al ser todas criaturas divinas que merecen ser tratadas como dioses. La xenia aplicada al más allá de la vida terrenal, un concepto que aparece como tema principal en La Odisea de Christopher Nolan.

Los clásicos han estado en los planes de estudios desde la primaria. Ya la LOGSE, el plan de estudios que se aplicó en España a mediados de los 90, quitaba de los contenidos obligatorios el latín y el griego. Mis hermanes estudiaron obligatoriamente estas dos lenguas, a mí solo me tocó la Filosofía. Siempre recordaré esas clases increíbles de mi profesor Juan Carlos Martín Lima en 2º de Bachiller cuyas grabaciones guardo como oro en paño. Y más tarde, en la carrera, aún siento la clase de Carlos Tapia en Historia de la Arquitectura III cuando pronunció una hot take que claramente utilizaba para que nunca jamás nos olvidásemos de ella:

«La gran diferencia entre los griegos y los romanos es que la arquitectura griega era erótica, sensual y abstracta, mientras que la romana era pura pornografía».

El Departamento de Historia y Teoría de la Arquitectura de la Universidad de Sevilla tuvo la genial idea de mostrarnos primero lo más cercano a nuestros días, las vanguardias y el movimiento moderno, antes que el Renacimiento y los clásicos. Veníamos de la infame Historia de la Arquitectura II donde tuvimos una nefasta profesora que nos describía el valor de los edificios solo por su fachada. Una clara analogía de la ideología que seguramente tenía la gachí cuyo nombre prefiero no acordarme.

Decorado en el Cinecittá de la serie Roma emitida en HBO y producida por la BBC y la RAI. Aparecía una Antigua Roma más colorida, aún así la poca saturación de los colores y la estética oscura de su fotografía seguía inclinándose a que las ficciones serias no puedan ser saturadas ni estridentes.

Eran tiempos en los que la serie de HBO Roma aparecía mostrando por primera vez una ciudad cromática, conforme a las últimas investigaciones de la época donde por fin se instauró el hecho de que la antigüedad era colorida1 y no un mundo de cal y mármol beige, apagado de tonos con poca saturación, como nos quieren siempre hacer creer distintos imaginarios colonialistas2.

Especialmente pedante me pareció en su momento unos pijos en la Villa Rotonda de Palladio. Se sentaron cerca de donde estaba dibujando un torpe boceto en mi cuaderno cuando comenzó uno de ellos con pelo de rico3, acento de Despeñaperros para arriba, pantalón beige y mocasines, a hablar de Orfeo y Eurídice. Los otros callados escuchando al señor que parecía que hablaba leyendo la Wikipedia de memoria. Me recordó a cómo serían las escapadas de Lord Byron en Ginebra en verano cuando invitaba a los Shellys y sus colegas escritores, pero también me hizo pensar en quien puede permitirse viajar por placer en junio entre semana a Italia.4 Llevo varios días leyendo a Mary Beard (gracias al Choquejuergas que le hicieron Marta Trivi y Alberto Corona sobre La Odisea de Nolan) y la anécdota volvió a resonarme en la cabeza. Con ella y con los ensayos en mis manos, los prejuicios que tenía se convirtieron en profecía autocumplida: los clásicos han sido utilizados como una barrera de clase. Dominar el griego y el latín y las historias sobre mitología clásica era una distinción de clase reservada solo para aquellos que tenían el tiempo y el acceso de poder hacerlo.

quien cuenta la antigüedad

Le tengo que agradecer a Nolan poner de nuevo la historia antigua de los pueblos mediterráneos en la conversación cultural. Me ha hecho interesarme por las divulgadoras contemporáneas, mujeres que sitúan, leen e interpretan de otra forma los escritos que nos han llegado a nuestros días. Mi rechazo durante la carrera de arquitectura y urbanismo de Grecia y Roma se vio acentuada al descubrir la cantidad de elementos que el fascismo y el nazismo se apropió de la misma. Mi reconciliación viene ahora gracias principalmente a Mary Beard, la divulgadora clásica cuya premisa es que los clásicos deben estar exentos de significado político, y denuncia el uso que las élites le han dado al aprendizaje del latín y el griego; y a Emily Wilson, traductora al inglés de La Odisea de Homero y cuyo texto menciona Christopher Nolan.

En Mujeres y poder, Mary Beard repasa cómo desde La Odisea clásica, Telémaco le echa la bronca a su madre Penélope cuando esta intenta hablar en público, algo reservadísimo a los hombres en ese momento. Mujeres mortales claro, porque las diosas sí que tienen otra forma de relacionarse. Habla la clasicista de que el pensamiento binario era el por defecto de la antigüedad y la idea de lo femenino y lo masculino venía bien marcada y representada por los dioses y mitos griegos. Las diosas estaban relacionadas con atributos femeninos a excepción de una de ellas: Atenea, diosa de la guerra que, oh, la casualidad, no era nacida de otra mujer, sino que era una creación del propio Zeus. Esto era una representación de la fantasía de poder masculina de que la mujer nace a partir de un hombre, algo que ya vimos con la Eva del Antiguo Testamento, segunda mujer de Adán, nacida de su costilla. No como Lilith que fue creada también como Adán pero convertida en serpiente (la serpiente del árbol de los pecados), por ser una mujer libre y con agencia. Las mujeres y los esclavos no eran humanos, más o menos lo que ocurre ahora mismo con el supremacismo colonial e incluso con el feminismo blanco: la condición de humanidad, los derechos humanos (la ciudadanía griega o romana) solo son merecedores de la misma las personas blancas que se perciban de forma concreta. El resto de vidas valen menos. Es incluso en la antigüedad, el sexo noble era el que se practicaba entre ciudadanos hombres. El sexo con mujeres, sin embargo, era una cuestión de procreación. Volviendo a Atenea representada de forma andrógina, nunca como femenina o débil, es el motivo por el que no se puede relacionar directamente con lo femenino, sino más bien como una deidad no binaria cuyos atributos son claramente masculinos, cuyo cuerpo es femenino poniéndola en un escalofón inferior al de Zeus.

Menudo rollaco acabo de lanzar aquí, pero ha tenido que ser Mary Beard la que nos hable de estas perspectivas y también de la cotidianidad del mundo clásico. En Clásicos sin filtros la divulgadora nos habla de «para qué sirve la asignatura de clásicas». Ella aporta que los antiguos están tan lejos del espacio y del tiempo que nos permiten hablar de temas libremente sin caer en la personificación de ideologías o valores actuales. A una profesora de Sudáfrica en la época del Aparheid, le permitía hablar de la esclavitud entre sus estudiantes negros y blancos.

Otro aspecto interesante en el que se centra Mary Beard y algunas de las divulgadoras actuales es en la cotidianidad. Esta pasa desapercibida siendo una parte menos estudiada del canon histórico dominado por hombres blancos. La vieja cuestión de quién cuenta la historia, qué pasajes se encargan para que aparezcan en las crónicas. Me imagino la escena: «Mira Marco Antonio, hay papiro y carbón para una noticia. ¿Qué crees que le interesará más al Emperador: que se hable de la última victoria en la Galia o del club de lectura que se han montado las patricias y las plebeyas en la sauna de mujeres de Herculano?» Si ya pasa en la actualidad, ¿cómo no iba a ocurrir en la antigüedad?

Justamente Mary Beard cuenta cómo ella estudia la cotidianidad en el mundo antiguo. Hay pocas crónicas que se fijen en esto o pocas son las que nos han llegado y precisamente en La Odisea de Homero se han podido conocer algunas de ellas. Se tratan de los «símiles homéricos» que se utilizan en el poema para describir algo extraordinario con algo cotidiano.

«Encontramos defensas militares destruidas con la misma facilidad con que un niño destroza su propio castillo de arena en la playa; a un guerrero afligido comparado con una niña pequeña llorosa tirando del vestido de su madre para que la coja en brazos; y Ulises dando vueltas sin parar en la cama a causa de sus dilemas es comparado magistralmente con una morcilla negra («un estómago relleno con manteca y sangre») dando vueltas y asándose en un espetón.»

Es evidentemente que a Nolan no le interesa absolutamente nada de lo que sea «humano y aburrido» como ya demuestra en la suma de acontecimiento emocionales sin espacio a una mísera compasión por los personajes (hablo de la parte en la que Argos perece y Telémaco se da cuenta de lo que está pasando). Seguramente le hubiera dotado de más realismo a su película, obsesionada en la ausencia de dioses y fantasía saturada, elementos que entran en contradicción con la propia concepción del mundo de La Odisea y del cine en general. En ambos medios la ficción no verosímil es casi su razón de ser. ¿De qué sino estaríamos disfrutando? ¿Acaso el poema de Homero lo tenemos que visionar como un documental o un libro histórico?

neonolanismo clásico

Nolan también ha pecado de ser un clasista de cuidado: al querer darle a La Odisea esa dimensión de gran epopeya de la vida real, ha rodado toda la cinta, la primera en la historia, enteramente con IMAX. La mayor parte de las personas que han visto la película la ha visionado cortada, por arriba y por abajo, dos hachazos tiene la joía. Si ya Cristóbal tiene problemas para componer un plano entero normal, imagínate para encuadrar un plano que luego lo va a recortar. Esto hace que solo unos cuantos elegidos que han tenido cerca una sala IMAX de 70mm (solo 41 salas en el mundo, más de la mitad de ellas en EEUU) y que se hayan gastado los 20 euros mínimo que cuesta una entrada en este tipo de salas, han podido ver esta película en las proporciones adecuadas.

Al igual que se hizo durante el s.XIX con la enseñanza en los institutos de Gran Bretaña, donde a los hombres se les enseñaba un griego con normas distintas (e inventadas) que lo hacían «más complejo y elevado» para diferenciarse del griego que se les enseñaba a las recién admitidas mujeres en la enseñanza (recordemos que fue una de las exigencias de la ilustración, que las mujeres recibieran también educación). Los hombres aprendían un griego clásico que ni siquiera conocía Platón o Aristóteles. Cágate Maribel (Mary Beard). Una decisión clasista, elitista y que además no aprovecha para nada un formato que aboga por la grandiosidad de las imágenes, la amplitud de los espacios y la nitidez de las formas.

Otro hecho que Nolan y sus seguidores parece que se obsesionan es por el llamado y mencionado muchas veces, canon «universal» de la blanquitud. Muchísimas críticas ha recibido la cinta por su escaso rigor histórico o su obsesión por la verosimilitud. Cuando Emily Wilson, traductora de La Odisea de Homero en inglés dice:

«Las adaptaciones no necesitan y no deben seguir al original con algo como la exactitud de una traducción. Algunos de los mejores transforman radicalmente o resisten el material de origen, proporcionando lo que Harold Bloom llamó «fuertes malas lecturas» de sus antepasados. Las respuestas creativas más memorables a La Odisea, como Helen de Eurípides, la Eneida de Virgilio, el Paraíso Perdido de Milton, Ulises de Joyce, Omeros de Walcott, Penélope y las doce criadas de Atwood, Circe de Madeline Miller o la obra de Lisa Peterson ambientada en un campamento de migrantes moderno, reconsideran la estructura, la narrativa y los valores del poema.»

Las adaptaciones son obras derivadas que constituyen una nueva obra. Eso es lo interesante. Que cada pasada de filtro se le añadan aquellas capas que más nos interese contar conforme a la actualidad. Por eso el valor que me interesa de La Odisea de Nolan es que ha hecho un alegato a favor de la hospitalidad, y de que las personas seamos tratadas como dioses, conforme a los derechos humanos. Evidentemente desde una posición conservadora como mantenimiento del status quo roto por el imperialismo usaniano y del Estado Genocida de Israel.

Por supuesto todo esto entra en contradicción con la nefasta decisión de rodar en territorios ocupados del Sáhara Occidental, muestra, una vez más, de la falta de conciencia antirracista y la actitud blanca colonial que tienen Nolan y su equipo. Apoyo totalmente el boicot que se le ha hecho a la película, un boicot, por otra parte, de escaso ruido más allá de los entornos culturales que todes conocemos, y firmado por las «sospechosas habituales«. Pero por la parte institucional, silencio sepulcral.

Por último, que ya toca ir cerrando el temita de esta tirita o más bien «venda cultural», me cansa de verdad otra vez hablar de la escasa relevancia de los personajes femeninos y el protagonismo de los personajes principales de nuevo representados por hombres blancos anglosajones (Matt Damon y Tom Holland). Ojalá alguna vez un cineasta con la importancia que tiene Nolan para influir en los imaginarios coloque premisas antirracistas y decida colocar a un Ulises y un Telémaco con actores racializados o transgénero. Sueños totalmente rotos, ya que de nuevo utiliza la clásica de que el reparto racializado sean los personajes de apoyo de ambos protagonistas blancos (Himesh Patel como Euríloco, Zendaya como Atenea, Elliot Page como Sinón, John Leguizamo como Eumeo, Lupita Nyong’o como Clitemnestra y Helena de Troya, etc etc). Quizás ya pensó que era demasiado con Zendaya de Atenea y Nyong’o de Helena de Troya. Dos mujeres negras como herramientas de recepción de odio. Curioso.

para ampliar mientras caminas…

Si quieres escuchar más takes sobre La Odisea de Nolan, Luis y yo hicimos un pódcast sobre la película que puedes escuchar desde cualquiera de los canales habituales de pódcast o desde la web de imajoven.

l’indinnasió

Abro nueva sección para solo recalcar una indignación, un cabreo enquistado que prefiero soltar en este espacio seguro que es esta tirita.

Evidentemente me da una tremenda tristeza la situación geopolítica y humanitaria de Gaza y Ceuta, estrechamente relacionada a cómo el colonialismo supremacista blanco, en el que el Reino de España está incluidísimo (cuanto antes lo aceptes, mejor) jode continuamente a la población, a la masa mayoritaria, a las pobres. Sí a ti y lo que puedes ser tú. Como decía Hannibal Lecter a Clarice Starling en El silencio de los corderos:

«Una buena alimentación te ha dado una cierta longitud ósea, pero no estás a más de una generación de la pobreza extrema».

Aparte de la rabiosa actualidad, mi indignación de esta semana es la declaración del «hermano malvado asturiano» de Gonzalo Miró sobre que las mujeres feministas no son inteligentes. El copywriter sin redes sociales pero que denuncia a Cristina Fallarás por una publicación anónima en la cuenta de la periodista donde el zagal se sintió aludido, parece que está recopilando seguidores de la manosfera para seguir engañando a incautos (y a picksme) con sus libros y cursos. Se ve que ahora le toca a la mitad de la población ser su instrumento de captación de odio de masa enfurecida como él: hombre blanco hetero que odia a las mujeres. Nos hemos convertido todas en su nueva irlandesa borracha.

me ha inspirado, he disfrutado, ando obsesionada…

Estoy picando muchos jueguitos en este retiro de verano, entre ellos el Dragon Quest VII Reimagined. A pesar de ser terriblemente repetitivo, me encanta recorrer todos sus rincones y hablar con todos los NPCs.

Aprovecho para re-recomendar la newsletter de Paul Skallas que es, junto a la de Girl Pope, una de las que más disfruto. Te dejo el magnífico número sobre la película de Nolan y el texto clásico donde resume en 27 pensamientos lo que le ha supuesto la película. Destacar el tema del ranking de duración de planos por segundo y por director. Tremendo Nolan. Vete a TikTok Nolan xD.

Por supuesto es imprescindible este vídeo de Putomikel sobre el imaginario colectivo de cómo era de colorido el pasado:

A raíz de terminarme el segundo libro de Mary Beard, busco en youtube si hay algo de ella en mi red favorita y… efectivamente, resulta que tiene un pódcast sobre historia antigua y ahí que voy a ponérmelo como una loca fan que me he convertido de ella. Los pódcast en inglés los suelo ver/escuchar por youtube porque me proporcionan subtítulos en castellano que me hacen comprender mejor de lo que hablan, ya que no soy una maquinarias en el idioma de mi universitaria favorita.

Todo este tema hace que ya tenga aún más ganas de estudiar filosofía. Estuve mirando el syllabus de esta carrera en la UNED, con el deseo de si alguna vez tuviera tiempo y me pusiera en serio a estudiar carreras de humanidades en general. A veces fantaseo muy fuerte con Luis sobre matricularnos ambos en estos estudios. Lo que me echa para atrás son los exámenes. Se supone que con los planes de estudio de Bolonia se iban a ir abandonando, pero ahí están. Y me temo que en los lugares donde habían sido erradicados van a volver de nuevo por este auge de la inteligencia artificial y el profesorado obsesionado por que sus estudiantes no la usen en los trabajos. De verdad qué cansino todo.

La crítica de la traductora de La Odisea en inglés Emily Wilson también ha sido algo demoledora con Nolan y su ya consabida forma de tratar los personajes femeninos, y en general el problema que tiene con la fantasía.

También de Emily Wilson, me flipó esta conversación del propio pódcast del London Review of Books que he podido disfrutar abiertamente poniendo los subtítulos autogenerados en inglés con la traducción del propio navegador.

La Villa Adriana, el complejo vacacional que el emperador Adriano encargó en el s.II para pasar sus vacaciones y donde se retiró al final de su vida.

notas al pie

  1. El color en la Antigüedad, la verdadera apariencia del arte clásico ↩︎
  2. El pantalón beige y la normalización del fascismo (Jimena Marcos, El País) ↩︎
  3. El «pelo de rico» es una expresión que tomé prestada del pódcast «Quédate con el cambio sabandija asquerosa» alrededor de 2017. Dícese de la persona identificada como varón con aura de riqueza, cabello a media melena cuyas puntas son acaracoladas, aspecto grasiento, gris con algunas canas o, dependiendo del tamaño de su cuenta corriente, canoso del todo. Flavio Briatore podría ser claramente un señor con «pelo de rico». ↩︎
  4. También me lo podía permitir básicamente porque aproveché que pude ir por trabajo y que la Villa Palladio es un tótem del canon de la Historia de la Arquitectura, canon que adopté por la carrera que estudié. ↩︎

¡Nada más! Espero que estés teniendo un verano estupendo, y sino es así, te abrazo mucho deseando que el próximo sí que sea feliz. Porque nos lo merecemos a pesar de todo.

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