Sabor de boca al terminarlo
Es cortito, se lee muy fácil y es un estupendo compendio de chismes de la crítica creyéndose más importante que el propio cine. Como documento de la tontería es muy entretenido. Por poner un punto negativo a la reflexión, al final no me queda claro si está bien que te guste el cine y escribir sobre él. Parece más bien una catarsis del cinéfilo incel: confesar sus pecados, ver que ha habido otros pecadores como él e intentar seguir hacia adelante intentando llevar la cinefilia con más gafas encima.
Al reposarlo…
A los dos días de terminarlo, me di un paseo con Luis y me puse a hablar del libro. Es cuando me di cuenta que se me habían quedado más cosas de las que pensaba y, en general, le animé a que lo leyera. Me suele pasar con las películas también, que me gustan más si encuentro de qué hablar de ellas, si surge un debate y si al final, las cosas que apunté, me sirven para seguir aprendiendo y hablando de cultura.
Notas
pág.31: «efecto de sutura»,
pág.33: Ya en 1919, en un artículo titulado «El cine como manual de conducta», había observado de qué manera «los jóvenes espectadores devoraban el gesto más insignificante de la mano, el más mínimo parpadeo del héroe o de la heroína […]. Era
pág.33: Lo cotidiano se había convertido en película»
pág.34: principios de octubre de 2017, las periodistas de The New York Times Jodi Kantor y Megan Twohey hicieron públicas sus acusaciones de abusos sexuales contra el todopoderoso productor Harvey Weinstein; un secreto a voces que, al revelarse, provocó un efecto dominó: en los meses siguientes, se multiplicaron las denuncias por violaciones, prácticas machistas y de abuso de poder por parte de hombres vinculados al sistema de Hollywood. Sirviéndose de las redes sociales, el fenómeno se hizo global.
pág.35: Es fácil comprobar que la cinefilia ha sido tradicionalmente un asunto de hombres.
pág.35: La aparición de voces femeninas fue tardía. Resulta especialmente significativa la ausencia casi total de mujeres en las discusiones de las revistas parisinas de los años cincuenta y sesenta, período sobre el que se asienta todavía el mito romántico de la cinefilia.
pág.36: Unas semanas después de las primeras denuncias contra Harvey Weinstein, la directora estadounidense Nina Menkes publicó un artículo titulado «The Visual Language of Oppresion» [El lenguaje visual de la opresión], que se hizo rápidamente viral.
pág.37: Laura Mulvey la había planteado en un artículo fundacional de orientación psicoanalítica, «Visual Pleasure and Narrative Cinema» [Placer visual y cine narrativo]
pág.37: Integradas en el inconsciente colectivo, canonizadas por el mito cinéfilo y asimiladas como parte de nuestra relación cotidiana con el medio audiovisual, se habían vuelto tan naturales como las expresiones populares del lenguaje hablado o escrito.
pág.40: Por norma general, fenómenos como el Me Too no propician un cuestionamiento de las convenciones del medio cinematográfico, solo debates superficiales sobre la correcta representación de identidades y colectivos históricamente marginados, ideologías políticas o acciones emancipatorias.
pág.43: Muchos espectadores de cine no ven realmente lo que ocurre en la pantalla. Lo único que hacen es seguir la historia o la trama; apenas prestan atención a los elementos técnicos, al acompañamiento musical, al uso inteligente de la cámara y a las transiciones»
pág.44: Douglas Sirk, «los encuadres son los pensamientos del director; la iluminación es su filosofía»
pág.47: “La moral es cuestión de travellings” (o en la versión de Godard: “Los travellings son una cuestión de moral”);
pág.48: La confianza de estos cinéfilos en la forma cinematográfica era tan grande que su militancia ideológica se convertía en una militancia estética. Ya no defendían ideas políticas, sino planos y directores, en lo que vinieron a llamar provocativamente una «política de los autores».
pág.50: durante muchos años, el cine fue sistemáticamente menospreciado por un gusto intelectual de raíces aristocráticas, que no se lo puso fácil en sus aspiraciones de llegar a ser considerado una forma artística.
pág.56: El Greco sería el «montador de Toledo», un artista precinematográfico que no pintaba sus lienzos, sino que los encuadraba y los ensamblaba como tiras de celuloide, y cuyos personajes en fuga querrían ponerse en movimiento.
pág.57: «El cine, en realidad, no ha sido inventado todavía» (89), escribía en 1946,
pág.59: Raymond Bellour-, solo tres cosas que he amado con la misma intensidad: la mitología griega, los escritos de las hermanas Brontë y el cine clásico. Estos tres universos tan distintos tienen una cosa en común que es enormemente poderosa: los tres son, precisamente, universos.
pág.59: «Actualmente aborrezco la cinefilia, odio la cultura cinéfila. En “Le celluloïd et le marbre” sostenía que estaba muy bien ser un puro cinéfilo, no tener otra cultura, cultivarse únicamente por el cine. Ahora, por desgracia, hay gente que la única cultura que tiene es la cinematográfica, que piensa únicamente en el cine, que hace películas en las que hay seres que solo existen en el cine.
pág.63: saussureana,
pág.63: posestructuralistas
pág.63: levi-straussiano,
pág.63: deconstrucción derridiana, del marxismo althusseriano y del psicoanálisis lacaniano.
pág.65: Las películas te enseñaban a ser atractivo. Por ejemplo: un impermeable queda bien incluso cuando no llueve» (105). No era únicamente la supervivencia del cine la que dependía del cinéfilo. También ocurría al revés: la supervivencia del cinéfilo dependía del cine, porque solo bajo la mirada amorosa de las películas podía aprobarse y conocerse a sí mismo.
pág.66: Su reconocimiento obsesivo se convertía en una suerte de esquizofrenia cinéfila.