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Las palabras literales pronunciadas por Telémaco son harto significativas, porque cuando dice que el «relato» está «al cuidado de los hombres», el término que utiliza es mythos, aunque no en el sentido de «mito», que es como ha llegado hasta nosotros, sino con el significado que tenía en el griego homérico, que aludía al discurso público acreditado,
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«Madre mía —replica—, vete adentro de la casa y ocúpate de tus labores propias, del telar y de la rueca … El relato estará al cuidado de los hombres, y sobre todo al mío. Mío es, pues, el gobierno de la casa». Y ella se retira a sus habitaciones del piso superior.
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La primera, una mujer llamada Mesia, se defendió a sí misma con éxito en los tribunales y «dado que tenía una auténtica naturaleza masculina tras su apariencia de mujer fue apodada la “andrógina”». La segunda, Afrania, solía iniciar ella misma las demandas judiciales y era tan «descarada» que las defendía personalmente, por lo que todo el mundo estaba harto de sus «ladridos» o «gruñidos» (no se le concede la gracia del «habla» humana)
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argumento es simple, pero importante: por más que retrocedamos en la historia occidental, vemos siempre una separación radical —real, cultural e imaginaria— entre las mujeres y el poder. Pero hay un elemento en el atuendo de Atenea que remite la cuestión directamente a la actualidad. En la mayoría de las representaciones de la diosa, justo en el centro del peto de su coraza aparece la imagen de una cabeza femenina con serpientes retorcidas a guisa de cabellos. Se trata de la cabeza de Medusa, una de las tres hermanas míticas conocidas como las Gorgonas, uno de los símbolos más potentes de la Antigüedad de dominio masculino sobre los peligros destructivos que implicaba la mera posibilidad del poder femenino. No es casual que la encontremos decapitada y que su cabeza sea exhibida con orgullo como un accesorio por esta divinidad femenina decididamente no femenina.
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cierto que en esas listas binarias de antiguos dioses y diosas que aparecen en los libros de texto modernos («Zeus, rey de los dioses; Hera, esposa de Zeus»), Atenea figura en la columna femenina, sin embargo, en el contexto antiguo posee un aspecto fundamental: se trata de otro híbrido que, en el sentido griego, no es en absoluto una mujer. Para empezar, viste atuendo de guerrero, cuando el combate era tarea exclusiva de los hombres (también este es uno de los problemas achacables a las amazonas) y, por añadidura, es virgen, cuando la razón de ser del sexo femenino era criar a nuevos ciudadanos. Ni siquiera ella había nacido de una madre, sino directamente de la cabeza de su padre, Zeus. Es como si Atenea, mujer o no, ofreciera un atisbo de un mundo masculino ideal en el que las mujeres no solo pudieran quedar arrinconadas en su sitio, sino que se pudiera prescindir de ellas por completo.
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destructivos
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masculino se reafirma violentamente contra el poder ilegítimo de la mujer.
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femenino. No es casual que la encontremos decapitada y que su cabeza sea exhibida con orgullo como un accesorio por esta divinidad femenina decididamente no femenina.
Una versión harto conocida de la historia de la Medusa, de entre las muchas variaciones antiguas, la presenta como una hermosa mujer violada por Poseidón en el templo de Atenea, quien la transformó inmediatamente, como castigo por el sacrilegio (ojo, la castigó a ella), en una criatura monstruosa con la capacidad mortífera de
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símbolo cultural de oposición al poder de las mujeres: los rasgos de Angela Merkel se han superpuesto
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muchas cosas, la naturaleza de la civilización y la «barbarie», del regreso a casa, de la fidelidad y de la pertenencia. Aun así